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Somos varios los que hemos cruzado el puente de seda.

Una de las alegrías de viajar al sur ha sido visitar a mis primos Paola y Víctor y a mi sobrina Carolina.
Paola y Víctor viajaron hace siete años desde Perú para estudiar sus maestrías en China, becados por el gobierno chino. En China se casaron y tuvieron a la pequeña Carolina.
Además de Paola, prima materna, tengo otro primo que actualmente vive en Shanghai: Alex Mont. Aún no nos hemos visto en este lado del mundo, pero pronto iré a visitarlo.
Con Paola también coincidimos en Hong Kong, y salimos a comer y pasear junto con otros amigos tusanes, todos compañeros de la promoción Lumen Gentium del colegio Juan 23 de Lima. Estos de la Lumen están por todos lados…
March 1st, 2007
Hay muchas, muchas historias que comienzan así.
Había una vez un joven chino que vivía con su esposa en el pueblo de Chunsan (Zhongshan, 中山), provincia de Cantón (Guangdong, 广东), al sur de China.
Eran los años 20 y las guerras civiles agitaban el país, por lo que las cosas no iban bien, así que el joven decidió viajar lejos a buscar fortuna, dejando a su esposa embarazada de su primer bebé.
El largo viaje de dos meses en barco lo llevó junto con muchos otros chinos hasta Perú, donde trabajó en un hotel y tuvo una bodega. Seguro alguna vez fue llamado “el chino de la esquina”.
Luego de algunos años volvió a casarse y formó una familia. De vez en cuando llegaban a su casa sobres conteniendo cartas con una escritura incomprensible; de vez en cuando él enviaba cartas con esa misma extraña escritura. El tiempo pasó y el joven murió a la edad de 75 años sin regresar a China ni conocer a su hija.
Muchos años después, un buen día un hombre chino que vivía en Perú entró a comer en un chifa (restaurante chino) en Trujillo, y les contó al dueño y a su esposa que pronto viajaría a Chunsan para visitar a sus familiares. La dueña del chifa le comentó que su padre había nacido en ese mismo pueblo, y que había viajado a Perú allá por los años 20. “Sé que tengo una hermana allá, le explicó, y me gustaría encontrarla, pero ¿dónde estará ahora?”. El hombre que pronto viajaría se quedó pensativo por un momento, y les dijo que en el pueblo él había escuchado una historia parecida, y que intentaría averiguar bien los nombres. Para ello se llevó una de las cartas de escritura extraña que la dueña del chifa conservaba.
Después de varias semanas llegó al chifa de Trujillo un sobre con una carta en extraña escritura. El hombre que había viajado a China había encontrado a la hermana.
La dueña del chifa y su hermana comenzaron a escribirse y hasta se llamaron por teléfono gracias a que el dueño del chifa había crecido en Cantón y sabía hablar, escribir y leer cantonés.
Un tiempo después los dueños del chifa viajaron a China. Pasearon por el país, visitaron a los familiares y visitaron también a la hermana encontrada.
El nombre de ese joven chino que viajó a Perú allá por los años 20 era Fan Huagui (范华贵), mi abuelo materno.
Durante tres años de vez en cuando he recibido e-mails de una sobrina nieta de la hermana china de mi mamá que estudia inglés, y de vez en cuando yo también le he enviado e-mails, hasta que la semana pasada nos conocimos y paseamos juntas por Chunsan.

February 27th, 2007
Pagar más por usar menos.

Hace un mes más o menos fui a skiar a Nanshan (Montaña del Sur, 南山) en las afueras de Beijing con varios amigos. Para llegar hasta el lugar alquilamos dos combis. Mientras almorzábamos una de mis amigas nos dijo que debía retornar más temprano, y nos preguntó si algunos de nosotros estábamos dispuestos a acompañarla, de tal manera que una de las combis pudiera regresar y hubiera suficientes sitios para todos en la combi que regresaría más tarde.
Yo, adolorida por las caídas, opté por regresar más temprano. Una vez dentro de la combi el chofer nos dijo que debíamos pagarle un dinero extra (50 RMB) porque estábamos retornando dos horas antes de lo previsto. A mí me pareció una cosa de locos, pero recordé que estábamos al otro lado del mundo.
February 26th, 2007
He vuelto (porque yo siempre vuelvo).

Estoy en Beijing. Es el día 7 del nuevo año lunar (el día en que se conmemora el nacimiento de todos) y como todas las tardes desde el 18 de enero escucho el sonido de los cohetes y observo a través de mi ventana reventar las brillantes luces de los fuegos artificiales que iluminan el cielo. Seguirá siendo así cada día hasta el día 15 de esta primera luna del año, en que terminarán las celebraciones del Festival de Primavera (Chun Jie, 春节).
Estamos en pleno invierno (a pesar de que es el más caliente de los últimos 50 años al punto de que este año los patos no han emigrado al sur y los osos no han hibernado)… ¿cómo se explica entonces que el recibimiento del nuevo año lunar sea conocido como “Festival de Primavera”? Es porque se inicia un nuevo periodo con el que inevitablemente acabará el invierno y comenzará la primavera, haciendo renacer todo lo que el invierno ha dormido. Me pareció uno de los nombres más esperanzadores que he escuchado en mi vida.
Y con esta promesa de renacer los chinos se desean prosperidad, riqueza y larga vida.
¡Feliz año nuevo! (Xinniankuaile, 新年快乐).
¡Buena salud! (Shentijiankang, 身体健康).
¡Que tus deseos se hagan realidad! (Wanshiruyi, 万事如意)
Abundancia en el nuevo año (Kungheifatchoy –en cantonés- como aparece en la imagen).
February 24th, 2007
24 horas no son tantas.

El tren me dejó. Estaba escrito que debía partir para Guangzhou el lunes 5 y así fue. ¿Qué ocurrió? Simplemente Rodrigo no estuvo listo y cambiamos los pasajes para el día siguiente.
El trayecto desde Beijing tarda unas 24 horas y ofrece la posibilidad de apreciar cómo el paisaje va cambiando hasta dar paso a la vegetación semitropical que predomina en la provincia de Guangdong, muy semejante a las vistas que tenemos en Perú en la Ceja de Selva, algo que el viaje en avión no permite…
También es posible ver las poblaciones ubicadas al paso del tren. Algunas de ellas lucen como desiertos vecindarios construidos para alojar a los trabajadores del desarrollo industrial, en otras predominan pintorescas casitas rurales con puertas rojas. En algunas zonas es posible ver enormes fábricas arrojando humo rojo por sus chimeneas, y en contraste están los sembríos verdes salpicados de tanto en tanto por tranquilas lagunas.
Si el vagón no está muy lleno, como fue nuestro caso, el viaje es una maravilla. Todo el equipo está bastante nuevo, limpio y debidamente dispuesto. Los trabajadores de la compañía ferroviaria transitan permanentemente limpiando y retirando los desperdicios, vendiendo bebidas y comida, y revisando los pasajes.
¿Qué venden en los trenes en China que no venden en los trenes occidentales? Patitas de pollo cocidas y envasadas al vacío, semillas de muchos tipos (cuachi), fideos saltados, baijiu (un licor transparente), sopas de fideos instantáneos, casinos.
¿Qué venderían en los trenes en Occidente que no venden en los trenes en China?
Sándwiches, vino, galletas, café (¡¡no hay café para amanecer como es debido!!!).
Lo que parece que es universal es: fruta, coca-cola, agua, té envasado y papitas fritas.
Los trenes tienen tres tipos de vagones. Los de asientos, los de camas duras (6 camas por compartimiento en dos líneas de tres niveles) y los de camas blandas (4 camas en compartimientos cerrados en dos filas de dos niveles). Los precios no solo varían según el tipo de vagón, sino según el nivel de la cama. Si uno no requiere la relativa privacidad de los compartimientos cerrados, la mejor ubicación para un viaje largo como éste son las camas duras del nivel central, que permiten las mejor vista desde las ventanas y más privacidad que el nivel bajo.
Rodrigo y yo tuvimos suerte porque compramos billetes en camas blandas en el nivel superior, pero el compartimiento estaba vacío, con lo cual pudimos ocupar las camas del nivel intermedio.
February 17th, 2007
Guangdong, allá voy.

Luego de haber pasado unos congelantes días en el gélido Harbin hoy parto al sur, a Guangdong (Cantón forever!!!!!), buscando mejores climas como hacen los patos….
De Guangdong provienen la mayoría de familias de origen chino que viven en Perú. Visitaré a mis familiares nuevamente después de tres años, comeré lo rico que no se come en el norte del país y pasaré el Festival de Primavera (año nuevo lunar) con mis familiares Fan, viviendo las tradiciones chinas del siglo 21.
February 4th, 2007
He sobrevivido.
Después de cuatro días en Harbin hoy en la mañana he llegado nuevamente a Beijing, y al entrar en el dormitorio de la universidad inevitablemente he sentido que estoy de vuelta en casa (es lo más parecido a varios kilómetros a la redonda).
El viaje ha sido divertido y no ha tenido contratiempos. La compañía ha sido buena, los lugares interesantes, las actividades divertidas, la comida (sobre la que no tenía muchas expectativas) sorprendentemente buena y el clima congelante, según lo esperado.
Lo más espectacular de todo, por supuesto, son los mundialmente destacados festivales de hielo y nieve, que ahora se realizan en dos lugares diferentes aunque relativamente cercanos, y que se celebran anualmente desde 1985 atrayendo a cerca de un millón de visitantes.
El festival de hielo es un parque de diversiones congelado cuyos colores y transparencias lo convierten en un lugar fantástico con resbaladeras algunas empinadas y otras interminables (la más larga es una réplica de la Gran Muralla), laberintos, inmensas esculturas y edificios iluminados, todo, todo, todo hecho de hielo. Pasamos por lo menos tres horas allí hasta que el hambre y el frío nos recordaron que éramos mortales…
La zona rusa (zhongyangdaxie), en el centro mismo de la ciudad, es también un lugar bonito para caminar apreciando la especial arquitectura y husmeando en las tiendas. A mí se me antojó una zona de lo más parecida al centro de Lima con muchas fachadas de estilo similar y el mismo color de cielo (gris pancita de burro). Claro, la nieve y la temperatura de -20 C no dejaban duda de que estábamos en la provincia más meridional de China que en algún momento fue territorio ruso, y por ello el Café Ruso fue parada obligada.

“Chicos… he consultado en Internet y mañana hará frío”, anuncié. “¿Ah, sí? ¿Y hasta ahora qué ha hecho entonces?”, replicó mi tocayo Eugenio con su natural sarcasmo, que en su caso lo convierte en un argentino divertido y hasta encantador
.
En efecto. Al día siguiente había dejado de nevar y la temperatura descendió unos cinco grados, hasta niveles para mí casi inaguantables. Entonces ya no había que preocuparse del dolor de pies y manos porque simplemente ya no los sentíamos. Felizmente era ya el último día, que dedicamos a visitar el parque de los tigres siberianos y a comer.
Las tres experiencias top con el frío:
-“La mente domina al cuerpo” y “el frío solo está en tu mente” son frases que por chistosas en una situación a -20C pueden hacerte olvidar el frío por unos segundos.
- Al llegar al festival de hielo saqué mi mano del guante para buscar dinero y pagar la entrada. En menos de cinco segundos mi mano ya no obedecía y no podía ni siquiera abrir la billetera. Es extraña la sensación de perder la facultad de mover la mano y los dedos.
- Encontramos en una esquina a un vendedor ambulante de helados… no tenía congeladora, ni carrito, ni cajita de teknopor (ni cornetita como los heladeros de D’Onofrio)… solo los helados a la intemperie dentro de sus cajas de cartón.
- Después de cuatro días en Harbin hoy en la mañana he llegado nuevamente a Beijing, y el frío me ha hecho reir… (esta va de yapa).

Para leer más del festival de hielo pueden ir a las Anotaciones de un jubilado.
February 2nd, 2007
Sacando las narices de Beijing.
Hoy en la noche parto a Harbin (Ha’erbin, 哈尔滨). ¿Sobreviviremos al viaje en tren? ¿Sobreviviremos al frío? ¿Haremos colas inmensas para visitar cualquiera de los lugares turísticos? ¿Lograremos buenas fotografías de las espectaculares esculturas de hielo y nieve?
Pronto lo sabré…
January 28th, 2007
Tarde o temprano tenía que intentar skiar…

Apenas comenzó a bajar la temperatura Leo, mi amigo de Indonesia, me dijo: cuando nieve iremos a eskiar. ¿Es una promesa o una amenaza?, le dije en tono de broma.
De una u otra manera ayer fuimos. Entre Leo y su compañero de habitación, el coreano a quien llamo Mr. Cho porque no puedo acordarme de su nombre, lograron reunir a 15 entusiastas de la nieve y alquilaron dos combis que nos llevaron hasta La Montaña del Sur (Nanshan, 南山), a una hora de camino de Beijing.
Esta es una elevación totalmente cubierta de nieve artificial donde los beijineses vienen a hacer piruetas y disfrutar de un poco de velocidad.
Las instalaciones son sencillas pero tienen todo lo necesario: una zona para que los vehículos estacionen, algunas tiendas para comprar todo el equipo y la parafernalia necesaria, un restaurante y una zona de puestos para comer, lockers, los vestuarios, baños, instructores a los que puedes contratar pagando un adicional de 24 dólares por dos horas, un edificio para primeros auxilios y por supuesto, las pistas para ir cuesta abajo.
El pago de ingreso incluye el derecho de uso de ropa para esquiar (casaca, pantalón, guantes), muy útil para evitar mojar o dañar la propia, y por supuesto los zapatos y eskies, o los zapatos y snowboard (nosotros entre transporte e ingreso pagamos 24 dólares). Luego de varios, varios minutos dedicados a la logística necesaria, quedamos todos equipados.
Para entonces yo ya estaba agotada con tanto trámite (me acordé de las situaciones semejantes cuando practicaba buceo con tanque… tiempos aquellos), sobre todo porque ni siquiera fui capaz de calzarme los zapatos por más que intenté e intenté, pero felizmente había un par de experimentados en el grupo y su ayuda fue esencial (ellos mismos me comentaron que la nieve no era tan buena como en Corea…).
Luego comenzó la aventura. Entre skies y snowboard opté por éste último solo porque Assaf, mi amigo israelí, me dijo que era más fácil. Claro él se refería a que hay menos parafernalia de la cual ocuparse, pero controlar el aparatejo es más difícil y decididamente uno de entrada va más rápido (lo cual es también más emocionante), además al principio no tienes idea de cómo frenar… cosa que hasta ahora no he descubierto cómo conseguir. En fin, como los valientes me lancé cuesta abajo y, claro, las caídas no se hicieron esperar, aunque con la emoción de la velocidad uno no quiere más que levantarse y volver a deslizarse… hasta la próxima caída.


January 27th, 2007
Y yo tenía que comprar pasajes sí o sí…

Estación Central de Trenes de Beijing. Miércoles 24 de enero, 7.15 pm. Llevaba 30 minutos formando cola en las ventanillas exteriores, intentando comprar pasajes a Harbin, capital de la provincia de Heilongjiang, la más septentrional de China y frontera con Rusia.
Rodrigo había tenido que regresar a la universidad porque tenía una cena con sus compañeros de clase, y Eugenio, mi tocayo argentino, desfogaba la impaciencia lanzando a la multitud de chinos gritos en español, como si estuviera en “La Popular” de La Bombonera.
Han comenzado las vacaciones de invierno y pronto llegará el Festival de Primavera (inicio del nuevo año lunar), y la demanda de pasajes se ha elevado exponencialmente. Todos los chinos llevan semanas planeando sus viajes (algunos para regresar a casa y otros para visitar lugares turísticos). La mayoría ya ha comprado sus respectivos pasajes y los estudiantes chinos han aconsejado reiteradamente a los compañeros extranjeros comprar los suyos lo antes posible, pero a nosotros nos toma más tiempo: había que decidir entre muchas opciones de destinos, definir quiénes viajaban con quiénes, terminar los exámenes… y el tiempo ha seguido pasando.
En la estación todo el lugar era un solo de ventanillas, enormes carteles con indicaciones de todo tipo sobre horarios, números de trenes y otros avisos que yo no alcanzaba a entender, y gente por todos lados haciendo colas. Y sin embargo, la estación por dentro y por fuera resultaba lo suficientemente amplia para no estar abarrotada de gente y todo transcurría con orden y paciente espera.
Debe ser porque estas vacaciones son largas. En la semana nacional de China (Golden Week) sí que todo el lugar estaba copado.
Las opciones para viajar eran numerosas. Numerosos trenes, numerosos horarios, numerosos tipos de pasajes (sentados, cama suave, cama dura, etc.), pero también numerosos viajeros, y ya casi todo estaba agotado para los siguientes cuatro o cinco días.
Como buenos extranjeros novatos pasamos por tres ventanillas antes de entender que en todas era posible sólo comprar los pasajes de ida. Pero nosotros queríamos comprar también los pasajes de regreso (no es la voz quedarse tirado en una ciudad con una temperatura de -20 C). Hasta que comprendimos que había dos ventanillas especiales para vender pasajes de retorno o pasajes en rutas que no parten de Beijing. Incluso, como se trata de una venta especial te recargan 5 kuai sobre el precio del billete. Pero no importa… todo sea por asegurarse el retorno.
Entonces, en una ventanilla debimos comprar los pasajes de ida y en otra los pasajes de retorno… supongo que la venta de destino diferido es limitada para no reventar los stocks de pasajes por reventa o especulación.
Como la necesidad es la madre de las habilidades, entre Eugenio y yo nos las arreglamos para hacernos entender a pesar de que el marasmo de personas (algunas intentando ayudarnos a comprender, y en la mayoría de los casos logrando solo confundirnos más) y los ruidos por todos lados atentaban contra el nivel de concentración que necesitamos para poder comunicarnos en chino. ¡Pero lo logramos! Compramos cinco pasajes de ida y cinco de regreso para Harbin… “Acabamos de cometer una locura”, dijo Eugenio apenas al terminar la compra, refiriéndose a que nuestro espíritu aventurero y nuestro presupuesto de estudiantes nos decidió por pasajes en asientos y no en camas… pero no importa, mientras sea una locura divertida…
January 25th, 2007
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