Próxima estación
September 11th, 2007
Ahora toca partir hacia Pekín.

Los días han ido pasando. Uno cada 24 horas. Y llegó el momento de viajar de regreso a Pekín (ahora escribo “Pekín” y no “Beijing”, porque mi amigo Guillermo Dañino, sinólogo y lingüista, me dijo que la primera es la manera correcta en español, mientras que la segunda es la transliteración en pinyin).
Ese lunes 3 de setiembre mis padres y mi hermano llegaron a Lima para despedirme. Mi madre parecía resignada, mi padre, triste. Las horas fueron pasando. Una cada 60 minutos. El tiempo no nos da sorpresas desagradables.
Las maletas abiertas, porque no me gusta sino cerrarlas hasta el último momento. Las llamadas deseándome un buen viaje. La comida especial, con la sazón de Fujian y los padres de Mónica. Taytay llegando cual delivery de banco con el dinero que me había cambiado a dólares para el viaje y la estadía de un año. Giovanni con sus bromas distensivas y el café de siempre. Marilyn apurada, pasando a saludarme. Mi hermano, ayudando a la normalidad. Mi mamá con sus postres (sabe que me encantan pero no sabe que me engordan… o prefiere ignorarlo, ja, ja). Mi papá, cantando y cantando. Richard y Yuan llegaron para llevarnos al aeropuerto. Recibí un anillo de regalo, y me pareció curioso porque hace un año yo regalé un anillo también la noche que viajaba.
Richie y Julio estaban esperando ya en el aeropuerto. Par de pillos… Julio entró conmigo a la zona de chequeo aprovechando que trabaja en una aerolínea y tiene accesos especiales. Con su ayuda y su charla amena todo se hizo mucho más sencillo, especialmente cuando tuve que reconfigurar mi equipaje por el sobrepeso… y eso que yo en verdad no llevaba muchas cosas. La mitad por lo menos eran encargos. Mientras estábamos en esa delicada tarea que debía evitarme la pena de pagar más de 100 dólares de sobrepeso (en verdad no los hubiera pagado sino que en caso desesperado hubiera dejado los encargos) llamó Jim Fupuy. “Llama después”. Julio no se va por las ramas, pero ni modo, se trataba de una labor con alto nivel de matemáticas porque debíamos pesar y calcular todo de nuevo… y encima con todas las intimidades a la vista del aeropuerto entero…
Luego de terminar exitosamente la tarea todos fuimos al segundo piso del aeropuerto a esperar el momento de embarcarme. Antes mis tíos Chalo, Gina y Carloandré aparecieron de la nada, para desearme un feliz viaje y regalarme con una porción de mazamorra morada y arroz con leche.
Durante la espera Richie y Julio haciendo trío con Giovanni se encargaron de llenar la espera. Mi hermano y mi padre colaboraron llenándonos los estómagos con muchkins (creo que se escribe así), hasta que llegó la hora y vi muchos brazos alzarse deseándome un buen viaje mientras cruzaba el ingreso a la zona de embarque.
El trayecto de 36 horas hasta Pekín está publicado ya en Una China sin Murallas.
No related posts.
Related posts brought to you by Yet Another Related Posts Plugin.
Entry Filed under: Beijing 2006-2007
Periodista, curiosa y tusán. Actualmente vivo y estudio en Beijing.
Leave a Comment
Trackback this post | Subscribe to the comments via RSS Feed