Marcelo está enojado

December 6th, 2006

Busca y busca pero no encuentra.

Por supuesto, no todos los que venimos hasta China para estudiar o trabajar somos solteros. Algunos, demostrando mayor valentía, vienen con todo y familia. Es el caso de Marcelo Scarpati, un brasilero compañero mío de clases, quien espera que su familia pueda llegar a Beijing antes de navidad. Viene su esposa y sus dos hijos, una niña de 9 años y un niño de 4.

Marcelo se ha pasado estos tres meses haciendo averiguaciones para conseguir colegio para sus hijos, y también casa, pero el tema álgido es el colegio para los niños.

Podría pensarse que en pleno siglo 21, en una ciudad con 18 millones de habitantes, pues basta con buscar en la guía telefónica, preguntar sobre las vacantes y los requisitos, matricular y voilá… ¡todos listos para ir a clases! ¡¡¡Pero no!!! La cosa ha resultado para Marcelo mucho, mucho más difícil que eso.

Colegios para niños extranjeros hay muchos, desde luego, y si se quiere pagar los 50,000 kuai anuales (unos 6,400 dólares) que en promedio cobran, todo será tan sencillo como lo dicho en el párrafo anterior. Pero Marcelo quiere un colegio chino, para que sus hijos aprendan el chino mandarín (sabiduría paterna), y así la cosa se complica.

Primero, porque los chinos no dan información por teléfono (en el hipotético caso que uno pueda comunicarse telefónicamente), segundo porque solo hablan chino, tercero porque muchas veces no se han planteado ni considerado la posibilidad de tener alumnos extranjeros. Entonces ante el requerimiento, simplemente se quedan mirándolo a uno con “cara de Messenger”.


Todos los que conocemos a Marcelo llevamos tres meses atentos al tema: que si Marcelo encontró un colegio cerca de la universidad, que si logró llegar hasta el colegio, que si lo recibieron y lo dejaron entrar. Muchas veces ha pasado que al verlo extranjero ni siquiera lo han dejado entrar al colegio, y la barrera del idioma es, justamente, una insuperable barrera. Luego de los primeros chascos Marcelo aprendió que debía ir acompañado, mejor si el acompañante hablaba chino, y mejor si el acompañante es chino.

Incluso, muchos le hemos dado consejos, le hemos conseguido contactos, le hemos acompañado y le demos dado ánimos.

“Que poco solidarios son los chinos”, fue su comentario amargo tras dos meses de búsqueda y frustraciones, y punto seguido, en sazonado portuñol nos contó cómo le habían recibido, o mejor dicho, cómo no le habían recibido, en otro colegio más. Podría ser que los chinos sean poco solidarios, pero igual siempre aquí los extranjeros nos preguntamos qué estaremos haciendo mal, qué cosa del sistema no estaremos aplicando correctamente por lo cual no funciona para nosotros… algo así como cuando se escriben las direcciones…

Los días siguen pasando y todos seguimos capítulo a capítulo la búsqueda de Marcelo. Esto es casi ya una cruzada… y ya nos veo, el primer día de clases, todos acompañando a Marcelo a dejar a los niños al colegio.

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Acerca del autor

Tusán - Eugenia Mont en Beiging Periodista, curiosa y tusán. Actualmente vivo y estudio en Beijing.




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